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19 de agosto de 2022

Controlar la tensión arterial y tener hábitos saludables ayudan a prevenir un ACV

Si bien hay factores de riesgo que no se pueden cambiar, otros sí y están relacionados con controles médicos, alimentación sana, disminución del consumo de sal, actividad física, no fumar ni abusar del alcohol.

Según el Programa Nacional de Prevención de las Enfermedades Cardiovasculares, en la Argentina el ACV representa la segunda causa de muerte y la primera que ocasiona discapacidad.

El accidente ocurre cuando un vaso de la circulación cerebral se obstruye o se rompe. Cuando hay obstrucción, se denomina ACV isquémico, cuando se rompe, ACV hemorrágico. En las dos terceras partes de los casos de ACV, el origen es la obstrucción de un vaso sanguíneo.  

Algunos síntomas del ACV más comunes y de aparición súbita, son:

·         Pérdida de fuerza o sensibilidad en algún miembro

·         Dificultad para hablar, expresarse o comprender lo que otro dice

·         Sensación de mano torpe

·         Parálisis de la mitad de la cara, que se manifiesta como desviación de la comisura labial.

¿Se puede prevenir?

La enfermedad de los vasos sanguíneos cerebrales responde, en la gran mayoría de los casos, a la acción de factores de riesgo como el tabaquismo, la hipertensión arterial, el colesterol elevado o la diabetes.

De todos estos factores, el de mayor peso para el desarrollo de un ACV es la hipertensión arterial no controlada.

Esta condición explica, por sí sola, 1 de cada 3 casos de ACV. La cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo efectuada en el país muestra que más del 40% de los argentinos adultos padecen hipertensión arterial.

Además, 1 de cada 3 encuestados no sabe que es hipertenso y entre aquellos diagnosticados, 6 de cada 10 conviven a diario con la presión elevada, pese a que el tratamiento farmacológico es efectivo, seguro y se encuentra ampliamente disponible.

Una vez producido el ACV, la consulta urgente y el inicio de un tratamiento precoz pueden reducir las secuelas y la discapacidad a largo plazo, mejorando la calidad de vida.

Esto resulta especialmente importante en los casos de ACV isquémicos. Existen tratamientos dirigidos a disolver el coágulo, lo que puede limitar la extensión del daño cerebral y reducir las secuelas. Cuanto antes se acceda al tratamiento, mayor es el beneficio, por lo que la consulta médica debe ser urgente, apenas iniciados los síntomas.

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